José Antonio del Valle Fernández, pcmjardin@yahoo.es
¡ Por fin ¡ , hemos conseguido una aproximación bastante aceptable del jardín que, desde un principio, solicitamos a nuestro paciente diseñador de jardines.
Sobre un hermoso fondo que delimita nuestro seto de Thuja orientalis, establecimos, al fondo y a la izquierda, nuestro pequeño rincón tropical, consiguiendo con siete Trachycarpus fortunei de diferentes alturas y una pequeña cascada conformada con grandes piedras de granito, un cuadro paradisíaco que no dejaba de recordar a un pequeño y confortador oasis.
Establecimos nuestros tres rectilíneos y columnares Cupressus sempervirens var.stricta en la entrada de la parcela, como señal y gesto de hospitalidad.
Realizamos con esfuerzo y dedicación, el parterre de aromáticas medicinales en la fachada principal de la propia vivienda, junto a la terraza, para aprovechar con su cercanía el aroma que dicho parterre habría de regalar a cuantos se dignaran detenerse unos segundos a disfrutar de sus esencias.
Una impresionante piscina de teselas azules con brocal blanco, rodeada de algunos macizos florales en los que establecimos nuestros Iris sp y nuestros Cyperus sp., al lado de alguna pequeña roca horadada que imprimían al conjunto un aspecto de bordura lagunar.
Para acompañar al trío de cipreses, decidimos plantar un gran ejemplar de Cedrus deodara bajo el que disponer un pequeño banco de intrincada forja blanca.
En Navidad, éste mismo cedro, se vestiría de mil pequeñas luces con que alegrar las frías noches de Diciembre.
Una alfombra verde y monocromática del mejor tepé que encontramos, tapiza el resto de la parcela, tan solo alterada por el pequeño y sinuoso camino de pizarra que se dirige a ninguna parte y que así quisimos que fuera, limitando su utilidad a su propia belleza plástica.
Qué armonioso y elegante conjunto nos quedó. Se nos nota en el semblante, cuando recibimos visitas y lo enseñamos, que estamos orgullosos de la obra. ¡ Por fin el jardín tantas veces soñado ¡
Pero llegó el mes de Junio anunciando el tan esperado Verano y empezamos a buscar, desesperados, una sombra en la que guarecernos del insidioso y cruel bombardeo de rayos UVA.
¡Qué garrafal fallo de diseño y qué falta de previsión la nuestra cuando no tuvimos en cuenta lo que más falta hacía en un jardín mediterráneo ¡ ¡Cómo olvidarnos de la necesaria y obligada sombra ¡
Teléfono en mano, contactamos de nuevo con nuestro profesional y solicitamos, raudos, la rectificación del desaguisado. Necesitamos establecer con urgencia, un árbol de sombra en la orientación N de nuestro jardín, necesitamos rapidez de ejecución y sobre todo consejo sobre ¿ Qué nuevo árbol plantar en nuestro jardín ¿
Un árbol que nos depare sombra en Verano y deje pasar los bienvenidos rayos de sol en Invierno, un árbol que en todas las estaciones nos presente una belleza diferente, un árbol emblemático y cargado de historia, un árbol extraordinario y diferente a todos los demás, un árbol singular donde los haya, no podía ser otro que nuestro fósil viviente, el Gingko biloba.
Lo habrás leído o escuchado en más de una ocasión pero ¿te has detenido a pensar, que hace 410 millones de años, en pleno período Devónico cuando un clima cálido prevaleció sobre la tierra y empezaron a aparecer lo primeros y grandes bosques de Gimnospermas, ya existían diferentes especies de nuestro Ginkgo, incluido el “biloba”?
Imagínate por un momento mientras observas algunos de estos pies arbóreos un sombreado sotobosque de grandes helechos bajo los que empiezan a proliferar los primeros anfibios que modificaron sus aletas por lóbulos y empezaron a colonizar la tierra, abandonando el mar de las Amonites.
Repara en el hecho, mientras sigues observando tu ejemplar, que ésta situación se mantuvo durante 50 millones de años para, a continuación y, tras el comienzo del período Pérmico, que duró otros 50 millones de años, no solo mantenerse como género preferencial de los inconmensurables bosques de ésta era sino preparar el ecosistema adecuado a nuestros extinguidos y fantásticos dinosaurios que aparecieron durante los períodos siguientes, Triásico y Jurásico.
A estas alturas y si conservas un mínimo de imaginación, seguirás observando tu ejemplar de Gingko absorto, ingrávido y sorprendido como, si te encontrarás al cobijo de alguno de aquellos increíbles helechos.
Y no es para menos, 100 millones de años duraron estos dos últimos períodos y durante todos ellos, se siguió manteniendo la especie tal y como la tienes delante. Repara en ésta última frase,” tal-y-como-la tienes-delante”.
Cuando al final del Jurásico, empezaron a aparecer las primeras angiospermas, nuestro Ginkgo, ya hacía casi 200 millones de años que poblaba la tierra.
Pero su historia no siempre fue victoriosa. En el Jurásico, se conocían 11 especies diferentes del Ginkgo, desapareciendo casi todas, coincidentemente con la extinción de los dinosaurios.
Y es más, durante largos años pensaron los botánicos que se habían extinguido todas ellas, en estado natural, hasta que en el año 1916, Meyer encontró ejemplares silvestres junto al río Yangtze de China. El largo y tumultuoso río que naciendo en las Mesetas del Tibet y desembocando en los Mares de la China Oriental, divide a éste país en dos.
Hasta entonces, se conocían ejemplares en antiguos monasterios budistas japoneses (Kaempfer 1691), trasladándose tanto algunos pequeños ejemplares como semillas y material de propagación a Europa(1717) y América(1758).
Se tiene constancia de un ejemplar de 30 m de altura y 12,4 m de perímetro al que se le estima una edad de 1700 años en Lengqi, provincia de Sichuan(China).
Otro ejemplar en Dabao, también en China, supera los 60 m de altura. Coinciden los botánicos en que se trata de un ejemplar que puede alcanzar los 40 m y vivir más de 2000 años, hasta 4000 apuntan ciertos autores.
Por si aún te quedara algún atisbo de duda sobre la singularidad de éste increíble fósil viviente, recuerda el lamentable suceso que aconteció el 6 de Agosto de 1945 en que explotó la primera de las dos bombas atómicas lanzadas sobre Japón.
A 1 Km escaso del impacto y en el patio de un templo budista, se encontraba un inmenso ejemplar de Ginkgo biloba que, como comprenderás, quedó destrozado o, al menos, eso pensaron hasta que en la Primavera siguiente, de sus propias exequias, volvió a rebrotar con inusitada frondosidad.
Hoy día, junto a él, se encuentra una placa en la que podemos leer “No más Hiroshima”.
Como era de esperar, nuestra peculiar especie, recibe diversos y variopintos nombres comunes. En algunas zonas se le denomina como “árbol de los 40 escudos”, por ser ésta la cantidad que un horticultor inglés pagó por cada uno de los cinco ejemplares que conformaban un lote. Decide tú, si fue capricho, inteligencia o intuición.
“Árbol Sagrado” para muchos y “Árbol del Cabello de Venus”, en honor a la diosa que se formó de la espuma del mar y que regenta para sí, el amor, las risas, los juegos y la desenfrenada pasión.
El Ginkgo biloba, es resistente a cualquier plaga o enfermedad, no conociendo alguna que le debilite. Los monjes japoneses, tenían la costumbre de meter sus hojas entre los libros para protegerlos de cualquier deterioro.
Resiste al fuego, rebrotando a continuación con la mayor naturalidad. ¿Harán falta, aún mayores argumentos para convencerte de la ejemplaridad de nuestra más preciada especie? Seguro que no ¿verdad?
Decididos a abastecernos de nuestro primer ejemplar, conviene recordar algunas de sus, también peculiares, características botánicas.
Empecemos, cómo no, por el carnet de identidad que le expidió nuestro insigne botánico, Carl Von Linneo. :
REINO PLANTAE
SUBREINO TRACHEOBIONTA (Plantas vasculares)
SUPERDIVISION SPERMATOPHYTA (Espermatófitas)
DIVISION/FILO GINKGOPHYTA (Ginkgofitos)
CLASE GINKGOOPSIDA
ORDEN GINKGOALES
FAMILIA GINKGOACEAS
GENERO GINKGO
ESPECIE BILOBA
SINÓNIMO 1 SALISBURIA ADIANTIFOLIA
SINONIMO 2 PTEROPHYLLUS SALISBURIENSIS
NOMBRE COMÚN 1 ÁRBOL DEL CABELLO DE VENUS
NOMBRE COMÚN 2 ÁRBOL SAGRADO
NOMBRE COMÚN 3 ÁRBOL DE LOS 40 ESCUDOS
Un apunte más sobre nomenclatura. El vocablo Ginkgo en chino, significa algo así como “albaricoque de plata”. El vocablo “biloba” en latín, significa dos lóbulos, aludiendo claramente a la peculiar forma del limbo de sus hojas que presentan un color verde inconfundible en Primavera Verano para antes de la caída invernal, tornarse de un color amarillo vivo que alarga sobremanera la utilidad ornamental de la especie.
El Ginkgo, es una especie dioica, es decir con pies arbóreos machos y pies arbóreos hembra.
Dispone de dos tipos de ramillas, unas largas llamadas macroblastos y otras más cortas, llamadas braquiblastos en las que siempre, se insertan las inflorescencias.
Las flores masculinas, son unos amentos o ejes en los que se insertan numerosos estambres pedicelados con dos sacos polínicos cada uno.
Las femeninas, con dos primordios seminales, darán lugar a ese peculiar albaricoque de plata que aprovechan culinariamente en Asia.
En la testa o cubierta externa de la semilla de éste fruto, de forma ovoide y de color amarillento, podemos distinguir dos parte diferenciadas. La sarcotesta o parte más exterior y carnosa que desprende un desagradable olor al marchitarse, y la esclerostesta, más interior o cubierta de consistencia leñosa y dura que alberga en su interior a la propia semilla, comestible por cierto después de una mínima elaboración que describiré a continuación.
Estas semillas, llamadas “baigo” en China y “ginnan” en Japón, son empleadas junto con las hojas desecadas, en la medicina tradicional asiática.
La forma de elaborarlas es muy sencilla. Una vez recogemos los frutos ya maduros al pie de un ejemplar hembra, como comprenderás, bien sea del árbol o del propio suelo, procedemos a quitarles la parte carnosa o sarcotesta, la que huele regular, con ayuda de un pequeño barreño y agua. Nos quedará la esclerotesta con su semilla dentro. Con un paño, las secamos levemente para a continuación, con un cascanueces, cascarlas y dejarlas como si de pistachos semiabiertos se tratara. En esta forma semiabierta, se calientan, en seco, en una sartén al fuego, moviéndolas como haríamos con las castañas. Diez minutos serán suficientes para que estén listas.
Las apartamos con una espumadera en un plato y una vez frías, no tenemos más que abrirlas y comernos la rica y digestiva semilla que encontraremos dentro.
En otras ocasiones, en vez de comérsela directamente, las hierven a continuación para enternecerlas y aprovecharlas en ensaladas.
Ambas recetas son las típicas de bodas y situaciones sociales especiales en las que se regala a los invitados con la degustación del inusual ginkgo.
Sobre las propiedades medicinales que se le atribuyen, y dado que se escapan del objetivo de éste artículo, solo comentar que es utilizado como favorecedor de la memoria en enfermedades degenerativas cerebrales, extremo en el que últimamente y tras ciertos estudios poblacionales, hacen discrepar a la comunidad médica.
Concretando sobre nuestra adquisición, aconsejar que dado el peculiar olor de los frutos en maduración, mejor adquirir un ejemplar macho, sin este problema de olor y con un porte más erecto y columnar.
Encontrarás variedades “Áureas”, de follaje más amarillo en su juventud. “Variegatas”con hojas salpicadas de tonos amarillos.”Laciniata” con los dos lóbulos de sus hojas muy divididos.”Fastigiata”, de ramas rectas y porte erecto y una variedad que no acaba de gustarnos cuál es la“Péndula”, de ramas tristes y colgantes.
Dada su lentitud de crecimiento, considerando los 2000 años que es capaz de vivir, no debe de preocuparte, a corto-medio plazo, el impresionante tamaño que adquirirá en su madurez. No obstante, sería de agradecer, como siempre apuntamos, que al plantar cualquier árbol, pensemos que esa sea su ubicación hasta perecer de viejo y que no haya que eliminarlo al cabo del tiempo con una motosierra, por falta de previsión del espacio físico que requerirá.
Por tanto, elige para tu primer Ginkgo, la zona más amplia y soleada de tu jardín, lo más lejos posible a linderos y otras barreras arquitectónicas, previendo esa soberana amplitud de crecimiento y esa generosa altura que, nuestras generaciones venideras, quizás tendrán la dicha de contemplar gracias a nosotros.