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La Columna
¡Qué narices!
Francisco Ponce Carrasco · 05/02/08
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Los aromas son elemento de transporte para un alma soñadora. Cuántas veces un determinado olor nos acerca a tiempos pasados, lugares recónditos, amores secretos… con certeza,  me agrada recrearme con la fragancia de las cosas. A pesar de que la voz popular diga: ‘Las cosas entran por la vista’ o ‘Más vale una imagen, que mil palabras’, y reconociendo que pueden tener razón, para mi, el olfato es muy importante, sin el menor agravio, a los otros cuatro sentidos.

Con frecuencia ocupo mucho mi nariz, me gusta oler la vida, y disfrutar de los diferentes perfumes que desprende; el campo en cálida tarde de finales de marzo, vecina ya de la primavera, cuando de repente llueve y el olor penetrante a tierra mojada se adentra  por los poros de mi piel, siento paz; el olor a patio de colegio repleto de niños, me hace soñar juventud; el azahar en campos de naranjos a Valencia; el mar salobre, con atardeceres en diminuta cala de añoradas pasiones, las flores a naturaleza poderosa, la cara lavada de un niño a familia, pero sobre todo la fragancia de una bella mujer a embeleso.

Aconteció hace unos días que a la hora de comer asé a la lumbre, unas chuletas de cordero, hacia frío, el lugar donde me encontraba invitaba a ello, fue entonces, al percibir el provocador ‘tufillo’, cuando me acordé de las temporadas que de pequeño, pasaba en casa de mi abuela, en un poblado de montaña, entonces ella las ponía al fuego, con una delgada rama de pino las sacaba pinchadas y sobre un cuenco de barro me las acercaba, tenían un suave contorno de tostada grasa, olían a vacaciones. Mi abuela conocedora de que me gustaban, se reía mirándome la cara expectante y mis ojos como platos, que delataban una clara expresión de impaciencia.

 Por eso, siempre que me preparo este alimento, ensancho mi nariz y dejo volar la imaginación que me lleva por límpidos cielos hasta el viejo caserón, de vieja chimenea, en el viejo pueblo, donde todos los años por Semana Santa, pasaba unas cortas vacaciones.
 
Usted amable lector, ¿tiene un aroma, para el recuerdo? ¡Disfrútelo!



 


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